martes, 31 de mayo de 2011

Documentación innecesaria

Cuando empecé este blog, el objetivo era contar anécdotas de lo que suponía para mí vivir aquí, porque soy de una ciudad bastante industrial de Bizkaia y vivo en un pueblecito rural de Coruña. Al final, el blog ha ido degenerando evolucionando y cuento cualquier cosa que me venga a la cabeza. Pero hoy tengo una anécdota de las que quería contar originalmente.

Blancanieves es la hija que Harry tiene de su anterior matrimonio. Vive con la pirada de su madre en un pueblo de Orense y solo pasa con nosotros un fin de semana de cada dos y parte de las vacaciones. Harry se separó hace ya bastantes años y los acuerdos de entonces consideraban que los padres no tenían demasiados derechos sobre los hijos, aparte de pagar. Pero eso es otra historia.

El año que viene Blancanieves empezará la ESO en un colegio distinto al que asiste ahora. La semana pasada nos llamó para decirnos que necesitaba una copia del DNI de Harry para hacer la matrícula. Un par de días después volvió a llamar para decirnos que era urgente. Al fondo se oía la voz de la pirada de su madre metiendo prisa.

En principio, la petición no debería suponer ningún problema. Siempre tenemos los DNIs escaneados en el ordenador. Solo habría que coger el fichero y mandarlo por email pero... Harry y yo nos hemos hecho DNIs nuevos con la nueva dirección y aún no los tenemos escaneados. El motivo es poco creíble pero cierto: aunque tenemos dos escáners en casa, han dejado de funcionar los dos a la vez.

Había dos soluciones. La primera era coger el fichero con el DNI antiguo de Harry y mandarlo. Pero puesto que es la única información que el IES tendrá de él, convendría que tuviesen una dirección correcta. La segunda solución era sacar una fotocopia del nuevo DNI y mandarla por correo ordinario

Es una solución factible, pero me supone algunas molestias. La oficina de Correos de Gaitabilich no abre por las tardes, tendría que ir a la de Coruña. Y tendría que hacerlo yo. Y antes de tomarme la molestia prefiero estar segura de que realmente tengo que hacerlo.

Yo no soy desconfiada por naturaleza, pero con esta tía he aprendido a serlo. No voy a dar detalles ahora, pero la relación es mala-malísima.

El caso es que, sin muchas esperanzas, busqué en internet el IES en cuestión para ver si tenían una página web o algo. Ya me imaginaba que la probabilidad era escasa, pero por algún sitio tenía que empezar. No encontré ninguna página web de ese IES, pero sí de otros centros españoles. Y en ninguno pedían el DNI de los padres.

Conté hasta cien, cogí el teléfono y llamé al IES. Debería haber contado hasta doscientos...
- IES O Estudante Feliz, bo día.
- Buenos días. Quería saber qué documentación hay que presentar para la matrícula en primero de ESO.
- Uy, no sé. Espera que te lo pregunto en secretaría.
.....
- ¿Hola? Mira, me dicen que te tienes que pasar por aquí, porque hay que rellenar una solicitud y...
- Ya me imagino que habrá que rellenar algo, pero necesito saber qué documentación tengo que presentar.
- Pues es que yo no lo sé, soy el conserje. Te voy a pasar con las de secretaría y ellas te dicen.
- Vale, gracias.
....
- Sí, dígameee
- Buenos días. Quería saber qué documentación hay que presentar para la matrícula en primero de ESO.
- Bueno, es que ahora mismo todavía no te puedes matricular. Ahora estamos recogiendo las solicitudes y luego ya te diremos si te hemos admitido y entonces tendrás que hacer la matrícula.
- ¿Y no me puedes decir qué documentación necesitaré?
- Es que para la solicitud no necesitas nada. Y la matrícula no puedes hacerla aún, porque no te hemos dicho que estés admitida.
- Ya, pero necesito saberlo ahora. Si quieres te cuento para qué lo necesito.
- No. Tengo muchas cosas que hacer.
- Por eso no te lo he contado. ¿Me puedes decir por favor qué documentación necesitaré?
- ....
- ....
- Vale. Necesitas un certificado de blablablabla. Y una fotocopia de los DNIs de los padres o tutores. Y ...
- ¿Y eso? He estado mirando en la página web de otros IESs y ninguno lo pide.
- Lo piden todos, porque el programa es el mismo.
- No.
- En Galicia lo piden todos. El programa es de la Xunta.
- Ah. Vale. Gracias por la información.

Conclusiones:
- la pirada de la madre de Blancanieves nos está pidiendo con urgencia una documentación que no necesita todavía.
- la Xunta pide más documentación que otras comunidades.
- en Galicia es complicadísimo conseguir que un funcionario te responda a una pregunta por teléfono.
- las discusiones no se ganan con dialéctica, ni con conocimientos, ni con razonamientos; se ganan por desgaste.

A ver si el fin de semana soluciono el problema de los escáners, porque de momento no pienso mandar una fotocopia por correo. Lapidadme si queréis, pero a veces me tomo estas pequeñas vendettas porque ser madrastra es muuuuuy duro.

lunes, 30 de mayo de 2011

La Nada

Cuando era pequeña iba a un colegio que estaba muy cerca de mi casa. Se veía si mirabas por la ventana. Para llegar había que cruzar un descampado, cuesta arriba. Si hacía buen tiempo cogía un atajo campo a través, entre la hierba. Pero cuando llovía tenía que dar un rodeo para pisar siempre en cemento y no perder una katiuska en un charco de barro. En Bizkaia llueve mucho, por cierto.

Cuando había niebla, el colegio no se veía desde casa. Salía del portal y enfilaba el camino al colegio, pero solo veía una masa gris delante. El colegio no estaba. Iba caminando hacia un sitio que no veía. Por el camino, siempre pensaba que quizás el camino no acababa en el colegio, quizás el colegio se había esfumado durante la noche, quizás seguía caminando y caminando y no llegaba nunca a ningún lado. Y tampoco podría volver a casa, porque si miraba atrás mi casa tampoco se veía.

Cuando leí La Historia Interminable y Michael Ende describía "la Nada", yo me acordaba de la niebla que se tragaba el colegio y mi casa, mi origen y mi destino, y me dejaba en medio del camino que no partía de ningún sitio ni llegaba a ninguna parte.

- [...] Donde estaba el lago no hay nada... Simplemente nada, ¿comprendéis?
- ¿Un agujero? - gruñó el comerrocas.
- No, tampoco un agujero - el fuego fatuo parecía cada vez más desamparado -. Un agujero es algo. Y allí no hay nada.
Los otros tres mensajeros intercambiaron miradas.
- ¿Qué aspecto tiene ... huyhuy ... esa nada? - preguntó el silfo nocturno.
- Eso es precisamente lo que es tan difícil de describir - aseguró el fuego fatuo con tristeza -. En realidad, no se parece a nada. Es como... como... Bueno, ¡no hay palabras para describirlo!
- ¿Como si uno se quedara ciego al mirar ese lugar, no? - se le ocurrió al diminutense.


Hoy venía a la oficina desde casa y había una niebla espesa, fría y húmeda. En medio de la autopista he tenido la misma sensación.

jueves, 26 de mayo de 2011

Ohlàlà

Cuando vivía en Alemania intentaba pasar siempre las navidades en casa. El primer año no lo hice, porque me acababa de mudar hacía poco, y todavía me acuerdo del bajón que me pegó en Nochebuena. El bajón y la borrachera y la resaca del día siguiente.

Había unos 1.800km desde el pueblecito de Baviera hasta el mío. Me hice el viaje en coche la mayoría de las veces. Casi siempre acompañada. Menos una vez que me vine yo sola con mi inseparable perro. El perro no sabía conducir, no me daba conversación y no me pasaba las gafas de sol cuando se lo pedía.

El problema del viaje era que entre Alemania y España hay un país un poco incómodo que se llama Francia. Lleno de franceses que hablan un idioma que yo no entiendo, que usaban una moneda distinta (aquello era antes del euro), con autopistas de pago (en Alemania son gratis), gasolina carísima (más que en Alemania, flípalo), límites de velocidad absurdos (130 sin lluvia, 120 si llueve) y las áreas de servicio más acojonantes del mundo.

Para cruzar Francia sin volverte loco necesitabas una tarjeta de crédito. Con eso podías pagar gasolina, autopistas y hotel. No comprabas ni comida ni bebida, porque a saber lo que es, que está todo en francés.

Repostabas en la última gasolinera antes de cruzar la frontera pero no podías cruzarte todo el país con un depósito, así que te veías obligado a repostar otra vez más antes de llegar a la frontera del otro lado. Eso no es problema si no te sales de la autopista, porque las gasolineras aceptan tarjetas de crédito, están abiertas 24 horas y no tienes ni que hablar con el francés que está allí.

El hotel era obligatorio si viajabas solo. Si ibas acompañado existía la posibilidad de turnarse o de dormir en el coche en una de esas áreas de servicio tan acojonantes. Pero una chica sola no duerme dentro del coche en un área de servicio por muy acojonante que sea.
Llevo un rato buscando en el blog de Barbijaputa la vez que iba para Barbicity y paró a dormir en el coche y su madre le llamaba por teléfono... pero no he encontrado esa entrada y en cambio me he pasado casi 40 minutos leyendo cosas que me han hecho llorar de risa.

En Francia existían ya entonces los hoteles de autopistas (Formule 1, Ibis). Vas a cualquier hora y puedes coger una habitación y pagarla en una especie de cajero automático. Te vas cuando has dormido y punto. Rápido, fácil, cómodo, limpio y no demasiado caro (por lo que yo recuerdo). De nuevo, eso no es problema si no te sales de la autopista.

Pero en Francia no saben señalizar. Es la única explicación que se me ocurre para lo que me pasó aquella vez. Porque yo sabía que tenía que ir hasta París, intentar rodearla (eso era lo más difícil) y luego seguir hacia abajo dirección Burdeos. Todo sin salirme de la autopista. Si lo miras en un mapa, no es demasiado recto. Lo guay sería atravesar Francia recto, para pasar el menor tiempo posible allí, pero no había autopistas rectas.

Esa vez que yo viajaba sola con mi perro, cuando estaba a varios cientos de kilómetros de París vi una señal azul que indicaba Burdeos. Y me dije "alabado sea el nombre de Ikea, han hecho por fin una autopista recta y me voy a ahorrar un montón de tiempo y de dinero". Y seguí la señal azul.

Fue un error. Un error muy gordo. Mucha gente me dice que el error fue mío, que la señal no era azul sino verde. En aquella época no tenía un móvil con cámara, ni Twitter, ni WhatsApp ni nada de eso. Si lo hubiese tenido podría demostrar que era azul. Pero a estas alturas ya da igual.

Como habéis deducido, aquello no era una autopista. Era una carretera francesa. Una carretera sin gasolineras 24 horas, sin hoteles 24 horas...

Tuve que pagar una verdadera animalada para dormir unas horas en un hotel en el que no querían dejar entrar a mi perro. Había un francés en recepción que daba mucho miedo.

Me encontré a las 5 de la mañana de un domingo sin gasolina, en una gasolinera cerrada, y sin posibilidad de comprarla porque el surtidor no aceptaba mi tarjeta de crédito, solo quería tarjetas franchutes.

Intenté que algún francés de los que pararon allí en las horas que estuve esperando me dejase utilizar su tarjeta pagándoles un marco por cada franco. El marco valía 85 pesetas, el franco 22. Pero no querían. Además, se negaban a hablarme en inglés, en alemán o en castellano. Que "yenecomprepá" decían.

Al final tuve que conducir hasta un pueblo que había a 5km y convencí al panadero de que me cambiase pesetas por francos. Todo el camino de ida y vuelta pensaba que mi coche iba a pararse. Nunca había visto la aguja de la gasolina tan tumbada. Cuando volví a la gasolinera con billetes franceses, estaba abierta y me aceptaron la tarjeta de crédito que no quería el surtidor. Cuando intenté contarles el problema que había tenido, por solidaridad con futuros viajeros tan lers como yo, me dijeron... "yenecomprepá".

En el viaje de vuelta llevaba dinero francés y no me salí del camino que conocía.

Desde entonces siempre digo: si tu vida depende de un francés... date por muerto.

Nota: seguro que hay algún francés en el mundo que no sea mala persona. Pero esa noche no se cruzó en mi camino.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Más libros

Mi primer post sobre libros no fue la página más visitada de internet ni de lejos. Es un poco penoso que vuelva a escribir otro post sobre lo que leo, pero pensad que no lo hago por vosotros, sino por mí. Tal y como funciona mi memoria en los últimos tiempos, si no apunto estas cosas en algún sitio, se me olvidarán.

El otro post era poco más que una lista, con alguna anotación de "me ha gustado" o "no me ha gustado". Esta vez voy a extenderme un poco más, intentando que no sea un spoiler pero dando bastante información. De hecho, a mí no me parece que decirte si un libro acaba bien, mal o regular sea un spoiler, pero lo mismo a vosotros sí, así que cuidado con lo que viene...


Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini
Me lo dejó una compi del trabajo, es del club de lecturas que se montaron. Cuando se lo devolví, le dije que esperaba que fuese la última vez que me dejase un libro en el que los niños sufren terriblemente. Me dijo que eso me dejaba sin muchas opciones. Y la verdad es que me alegro de haberlo leído a pesar de que me hizo llorar. El libro no se recrea en las escenas morbosas, las expone porque son imprescindibles para entender la historia. Cuando acabas de leerlo no se te olvida, pero tampoco te deja hundido y recordando cosas desagradables.

La historia comienza en Afganistán mucho antes de que apareciese en los mapas de los telediarios. El protagonista (Amir) era un niño privilegiado antes de la revolución comunista del 78. Huérfano de madre y con un padre rico, inteligente e influyente; quizás demasiado ocupado para prestarle atención a su hijo, o demasiado exigente con él, pero no parece mal tipo.

Amir tiene un sirviente, Hassan, que es además su mejor amigo. Son inseparables. Pero Amir tiene claro que él es el patrón y Hassan el criado. Hassan daría su vida por Amir, le adora, pero sabe cuál es "su sitio". Evidentemente, Hassan te cae mejor que Amir desde el principio. Es valiente, trabajador, leal y tiene una especie de sabiduría especial a pesar de ser analfabeto. Amir es un niño mimado y clasista que intenta llamar la atención de su papá. Como es un niño aún, no te apetece abofetearle demasiado, pero sabes que se convertirá en un adolescente repugnante.

Un día pasa algo en la vida de los dos niños que hace que Amir se sienta culpable el resto de su vida. Le falla a Hassan cuando no tendría que haberle fallado, por motivos absolutamente egoístas. Y lejos de intentar compensarle, le aleja de su vida para no tener que enfrentarse a su mirada. Empieza a apetecerte abofetearle, pero te recuerdas que es un niño.

El tema del libro es, precisamente, la culpabilidad de Amir y cómo de adulto intenta expiar dicha culpa aunque casi se le va la vida en ello. Eso le redime tanto ante su conciencia como ante los lectores. Llega un punto en que te cae bien y todo porque, aunque resuelve la situación con más suerte que pericia, se lleva una buena manta de h*st**s y le duele mucho. Entonces comete otro error bastante tonto y te dan ganas de darle otra manta adicional, para ver si espabila de una vez.

El final está bien, comedido en su optimismo, pero dejando buen sabor de boca.

No he visto la película, pero me da mucha pereza por si me destroza el recuerdo del libro.


Contra el viento del norte + Cada siete olas, de Daniel Glattauer

También del club de lecturas de mis compis. Son dos libros, por desgracia. Y es que Daniel escribió un libro que acababa como suelen acabar casi todas las historias de amor cibernéticas: en nada. Y fue un éxito de ventas. Pero los fans se pusieron pesados con que "jo, Dani, tío, el libro mola mucho pero vaya final más asín, ya te vale". La editorial le presionó y Daniel escribió un segundo libro para darles a los protagonistas una segunda oportunidad que no tirasen por el váter.

El primer libro es interesante, más por su original ritmo que por lo que cuenta, que es un historia bastante tonta. El libro recopila los emails que se cruzan un hombre y una mujer. El primer email es un error, la tía escribe a otra persona pero se equivoca y le llega al tío porque se llama parecido. Después de algún error más, se escriben a propósito para desahogarse un poco de sus vidas reales. Y, como suele pasar, los amigos virtuales molan mil veces más que las personas de carne y hueso, porque te los imaginas como quieres y te entienden perfectamente, y puedes contarles cualquier cosa, y no contarles lo que no te apetece. Y como los dos descerebrados del libro no saben lo que es un chat, se escriben cada 10 segundos.

A veces tienes que pararte y pensar de quién c*ñ* es el email que estás leyendo, porque después de los primeros ya no pone lo de "De" y "Para". Eso sí, se lee rápido porque las páginas son más blancas que negras, no sé si me entendéis. Pasaba algo parecido con Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, pero aquí está elevado al cubo.

Bueno, el caso es que la parejita anda que si te quiero conocer, que si casi mejor que no y así me imagino que eres tan guapo como George Clooney, que si te llamo por teléfono pero no lo cojas, que si te mando un email cachondo cuando estoy borracho/a pero al día siguiente me da mucho palo...

Por cierto, que ella está casada. Sinceramente, en mi pueblo a las tías como ellas las llaman de cierta forma que empieza por "calienta" y acaba... acaba siempre mal. Y él es un pringao que prefiere tener un amor platónico con una tía desconocida que además está casada. Si ambos se hubiesen mantenido dentro del campo de la amistad terapéutica, pues mira, perfecto. Pero se ponen cachondos y se dicen algunas cochinadas para quedarse luego con las ganas. Un desperdicio de libidos y de bits.

Y el final es que no llegan a nada. De hecho, no llegan a verse. Bueno, ese es el primer final. Luego viene el segundo libro en el que hacen mucho más el tonto, porque se ven, y hay frincamiento, pero ella sigue casada, y él tiene una novia muy mona pero se aburre, y marean la perdiz unos meses por no instalarse el Messenger. Y al final hay happy-end porque para eso se escribió un segundo libro.

Pues eso, que no me gustaron mucho, supongo que se ha notado.

 
El asombroso Mauricio y sus roedores sabios, de Terry Pratchett

Me lo ha dejado una amiga que es muy aficionada al Mundodisco. Yo acabo de descubrir al autor y creo que le voy a pedir algún otro libro a ver si me gusta tanto como éste.
La historia es esperpéntica: un grupo de ratas y un gato han adquirido facultades humanas: piensan, razonan, hablan, manipulan objetos, se organizan, leen, ... En fin, son como los dibujos animados de Disney. Lo curioso es que lo están empleando para sacarles pasta a los humanos, con el truco del flautista de Hammelin.

El flautista en cuestión es un chaval con cara de tonto. Tiene nombre, pero casi siempre le llaman "el chaval con cara de tonto". Que luego resulta que no es tan tonto, pero vamos, que el cerebro de la operación es el gato.

El grupo llega a un pueblo que tiene un problema muy gordo con las ratas. No tienen nada que comer porque, según parece, las ratas se lo comen todo. En el pueblo está la hija del alcalde que es, sin duda, uno de los personajes femeninos más acojonantes que me he encontrado en mucho tiempo. Es tan absurda como te puedas imaginar, lo que en una historia como esta resulta imprescindible.

El chaval con cara de tonto, la absurda, el gato y las ratas van descubriendo un montón de cosas raras en el subsuelo del pueblo y la trama se pone misteriosa, como una historia de detectives.

No es un libro demasiado friki, porque no hay tropecientos seres mitológicos con historias complejísimas. Se lee fácil y tiene algunas escenas muy divertidas. La absurda es para morirte y el gato es un cachondo. No hay sexo pero las ratas a veces se ponen un poco filosóficas, así que tampoco me parece un cuento para niños.

A veces me daba por imaginarme las ratas en plan ratas, osea, no como dibujos de Disney, y me daba un poco de asco. Pero es que a mí las ratas me dan bastante yuyu.

Este sí lo recomiendo.

martes, 24 de mayo de 2011

Campaña electoral puerta a puerta

En Gaitabilich gobierna el partido azul. Lleva un montón de años haciéndolo, desde que no se llamaba pepe sino ape. Y siempre ha ganado por goleada estilo 12-2.

El alcalde y su mano derecha en el partido azul son vecinos nuestros, viven en la misma aldea. En Galicia un municipio (concello) como Gaitabilich, grande pero con poca población, tiene tropecientas aldeas, que administrativamente se asemejan a los barrios de las grandes ciudades.

En Gaitabilich, si estás construyendo una casa, en algún momento tienes que hablar con el alcalde. Es la forma de hacer esas cosas por aquí. No es la forma en la que yo estoy acostumbrada a hacer esas cosas. Por eso, y porque esta gente habla gallego por defecto, de hacer esas cosas se encarga Harry. Así que Harry conoce tanto al alcalde como a su diestra.

Yo les he visto a ambos por la aldea. Vivimos cerca de la iglesia y los del partido azul no faltan a la misa del domingo. En esas ocasiones pasan más desapercibidos. Entre semana se les ve de lejos porque son los únicos de la aldea que usan camisa blanca, el resto usa buzo azul porque son agricultores.

Hace como dos meses que hablamos con la gente de urbanismo del ayuntamiento sobre nuestro cierre. Lo que nosotros queríamos era una valla de esas de alambre, sujetada con postes de madera. No estamos como para hacer rico a otro constructor. Pero por lo visto la legislación es tan complicada que en el ayuntamiento no nos sabían decir si necesitábamos presentar un proyecto de arquitectura o bastaba con un "croquis". Y como nadie contestaba ni en un sentido ni en otro, y el perro se escapaba, decidimos ir haciendo el cierre mientras se lo pensaban. Pero no tenemos licencia, oficialmente ni siquiera la hemos pedido aún.

El jueves volví a casa al mediodía. Había ido a las compras con mi madre, mi hermana y el Peque. Mi padre estaba en casa con el pie en alto. Harry en el trabajo. Mi hermano y mi cuñada llegaban a primera hora de la tarde. El Peque tenía que comer. Se hacía tarde. Había que guardar todo en la nevera... Y llaman al timbre.

Abro la puerta y me encuentro a una jovencita. Que me dice algo como "mira, te traigo información para...". Yo miro, y veo todo azul. Y como no estaba pensando con la cabeza sino con las tripas... abrí la boca antes de darme cuenta "uy, no, del partido azul no quiero nada". Nos dimos las gracias y adiós, cerré la puerta.

Un segundo después pensaba... mierrrrrrrrrrrda. Esta tía ha venido ahora porque ha visto entrar mi coche, vive aquí cerca, va a ir corriendo a decirles a los de partido azul que los de la casa nueva no quieren saber nada del partido azul....

No quería contárselo a Harry porque sabía que me iba a "reñir". Pero el viernes estábamos fuera de la casa trabajando en el cierre y mi hermana sacó el tema. Justo a tiempo, porque no habían pasado ni 10 minutos cuando el mano-derecha aparcó delante de mi casa y, vestido con una camisa blanca, se acercó a nosotros.

Que qué tal va todo. Que si tenemos algún problema. Que si han hecho alguna cosa que nos haya molestado. Que cada uno tiene sus ideas pero en las elecciones municipales cuentan las personas, no las siglas...

Sangre me hice en la lengua. Al final tuve que irme y le dejé a Harry asegurándole que no nos pasaba nada. Y explicando que estábamos haciendo un cierre ilegal...

El alcalde, por cierto, ha sido reelegido.

lunes, 23 de mayo de 2011

No les he votado

Ayer fueron las elecciones. No quiero entrar a valorar los resultados porque se me revuelve el estómago y me entran ganas de mudarme a ... a Marte, supongo. Os voy a contar que ayer no voté y porqué. Que seguro que no os importa un pimiento. Para empezar, eran elecciones municipales en Gaitabilich. Intrascendentes, si no vives en Gaitabilich. Si vives en Gaitabilich, mándame un email y quedamos para tomar algo.

Cuando yo votaba en Bizkaia, no solía tener dudas a la hora de votar. Había muchas opciones donde elegir, de muchos colores. En algunas ocasiones me dejaba influir por la presión del concepto de "voto útil" y en el resto votaba a un partido que apenas sacaba votos en Bizkaia, y por minoritario se quedaba fuera en los quesitos del telediario.

Luego me mudé a Galicia pero seguía censada en Bizkaia (eso lo cuento otro día que es muy largo), así que votaba por correo y listo.

Después de empadronarme por segunda vez en Galicia (me he mudado más que un fugitivo) alguien debió de notar que estaba mal censada y de repente me llegó una notificación de que habían cambiado mis datos censales. Mierrrda.

Como primera consecuencia, me citaron por primera vez en mi vida para estar en la mesa electoral. Me libré porque las votaciones eran un par de semanas después de dar a luz.

La segunda consecuencia era más grave: no sabía a quién votar. La situación política vasca es complejísima, pero había tenido más de 30 años para comprenderla. De repente el escenario era nuevo. Los partidos estatales en Galicia no son como los que hay en Euskadi. La propaganda del PP de Galicia está en gallego. Es solo un dato, para que os hagáis una idea...

Al final, no voté. Acababa de convertirme en madre y me daba bastante igual quién saliese en las elecciones europeas. Pero este año tenía intención de votar. ¿Qué digo intención? ¡Tenía ganas! Había estado siguiendo el tema de la ilegalización de Bildu y me había hecho tanta ilusión que al final pudiese presentarse, que me había animado.


Sé que no todo el mundo ve el tema de Bildu como yo. Ni siquiera he conseguido que Harry comparta mi opinión, no voy a intentarlo desde aquí. Quedaos con el dato de que quería votar.

Por la publicidad que veía colgada en Gaitabilich, parecía que solo hubiese 3 candidatos: el rojo, el azul y el nacionalista. Como vengo de una ciudad bastante más grande, pensaba que el resto no hacía publicidad pero que habría más opciones. Busqué en internet y no encontraba ningún otro. Harry es de un pueblo de tamaño medio y tampoco se lo podía creer.

No sabíamos dónde estaba el colegio electoral. Según las tarjetas censales era un antiguo colegio de la zona. Ni nos sonaba. Como Harry tuvo que salir por la mañana, aprovechó para preguntar a algún lugareño y localizar el sitio. Y como aún teníamos la duda de las candidaturas, entró a ver cuántas papeletas había.

Había solo tres.

Estuve informándome sobre el voto blanco, el voto nulo y la abstención... y al final no voté, me parecía lo menos grave.

Si hubiese tenido una papeleta de Bildu... hubiese tenido más gracia.

viernes, 20 de mayo de 2011

Cambio de planes

Esto es lo que tenía preparado el viernes pasado:

El vaso medio lleno
El blogger está tirado, no se puede publicar ni comentar en otros blogs. No tengo nada que hacer en la oficina y estoy escribiendo el post en el WordPad porque el resto de programas me dejan el ordenador tirado. El día tiene muchos ingredientes para merecerse la mala fama de los viernes 13. Pero tengo un montón de motivos para estar de buen humor:
- estoy leyéndome de cabo a rabo el blog de Lorzagirl.
- hace un día, por fin, de "veranito". Creí que nunca iba a poder ponerme manga corta.
- poco a poco, vamos haciendo el cierre de la finca. Empiezo a creerme que lo acabaremos algún día.
- el martes que viene es festivo en Galicia.
- como estoy sin proyecto, he aprovechado para pedirme vacaciones. El lunes y el miércoles no curro tampoco. Tengo por delante 5 días (¡cinco!) sin currar.
- el domingo se vienen mis padres y mi hermana a pasar unos días.
- tengo una Monster en mi garaje y un montón de días por delante para "probarla".
La semana que viene el Peque cumplirá dos añitos. Tengo que preparar una super mega fiesta de cumpleaños. En vez de agobiarme, me apetece. Estoy tan positiva que no me reconozco.



Y esto es lo que ha pasado desde entonces:

El vaso medio vacío
- el viernes Harry salió muy tarde de trabajar y para cuando llegó ya no pudimos hacer las compras, ni pude coger la moto, ni nada de nada.
- el sábado cogí 15 minutos la Monster, pero las manetas están mal reguladas y no estaba cómoda.
- el domingo se vinieron mis padres y mi hermana a pasar unos días.
- el lunes por la mañana mi padre se cayó de una escalera y se rompió el pie. Tuvieron que operarle e ingresarle unos días en un hospital de Coruña.



Mi madre y mi hermana no conducen. Eso plantea dos problemas:
- para ir y volver del hospital en coche teníamos que ir Harry o yo. En algunos momentos parecía el jueguecillo de la barca con la lechuga, la cabra y el lobo.
- cuando acaben las vacaciones, alguien tiene que llevarles de vuelta.

Había varias soluciones posibles, pero al final lo más fácil era que mi hermano se viniese. Como no quería hacerse el viaje solo, se ha traído también a mi cuñada. Que tampoco conduce.

En mi casa ahora mismo están el Peque, mi madre, mi padre, mi hermana, mi hermano y mi cuñada. Para el fin de semana vendrán también Blancanieves y mis suegros. Harry y yo estamos trabajando, que tenemos muchas bocas que alimentar...