jueves, 14 de enero de 2010

Regaleros

Esta entrada se la he prometido a varios miembros de mi familia. Bueno, son todas chicas, pero no voy a decir "miembras". Ellas dicen que si tengo muchos comentarios a su favor, yo tendré que cambiar de opinión. Es curioso que mi familia me conozca tan poco, yo no suelo cambiar de opinión fácilmente. Pero bueno, no voy a escupir para arriba, que siempre me cae en la cara.

Para poneros en antecedentes, tengo que decir que odio las mentiras. Las odio por encima de (casi) todas las cosas. Si descubro que alguien me ha mentido me queda la sensación de que me ha tratado como si fuese idiota. Y es una sensación muy desagradable. Tanto es así que tampoco soy capaz de mentir. Bueno, puedo hacerlo si es necesario pero me resulta incómodo. Prefiero decir la verdad siempre que sea posible. De ahí que muchas veces resulte algo "borde". Pero ese es otro tema.

Al grano.

Yo no recuerdo haber creído nunca en los Reyes Magos. No digo que no haya creído nunca en ellos, digo que no lo recuerdo. Dicen que los primeros recuerdos son de los 3-4 años, así que supongo que debí averiguar que no existían antes de los 6 años (por dejar un margen).

Y no fue ningún drama no creer en ellos. La Navidad era la época del año en la que no había clase, adornábamos la casa con cosas de colores brillantes, nos reuníamos a cenar con un montón de familiares, me dejaban acostarme tarde y me daban regalos. Que me los diesen mis padres o tres tíos orientales (con menos pinta de orientales que Michael Jackson de afroamericano) me daba más o menos igual.

He vivido de cerca el momento en que algunos niños se han enterado de que los Reyes no existen. Lo viví con mis hermanos, con algunos primos y con Blancanieves. No ha sido ningún drama para ellos, aunque algunos han "alargado" el tema un par de años, como si pensasen que si se daban por enterados dejarían de recibir regalos. Hablabas con ellos y te dabas cuenta de que sabían que los regalos se compraban, pero se hacían los locos en cuanto al modo en que éstos iban desde la tienda hasta el árbol.

Con todo, hace ya muchos años que llegué a la conclusión de que no hay necesidad de mentir a los niños. Lo de los Reyes Magos es una mentira. No es un cuento como Cenicienta, en el que el niño sabe que no es de verdad. Lo de los Reyes es una gran conspiración para engañar al crío. Toda la sociedad confabulada para tratarle como si fuese tonto.

Creo que es mucho más sano contarles las historias (la de los Reyes, la de Papá Noel, Santa Claus, Olentzero y demás regaleros) como si fuesen cuentos y decir "y ahora, para acordarnos de esos cuentos tan chulos, lo que hacemos es regalarnos cosas siempre por esta época".

Pues mi familia dice que el Peque va a tener una infancia muy triste si hago eso. Que va a perder la ilusión, que no es lo mismo, que mire las caras de los niños en la cabalgata.

Una vez, una compañera de trabajo llegó a decirme que no podía hacer eso porque si mis hijos iban al colegio con los suyos, le jodía a ella el espectáculo. Y me lo dijo con un tono que pensé que me iba a pegar.

Pues se abre el debate. Opinad todos los que tengáis algo que decir, a favor o en contra de la Gran Mentira de los Regaleros.

Año Nuevo

Hoy he vuelto al trabajo y me han dicho que me sacan de la playa y a partir de la semana que viene tendré cosas que hacer. Tengo que decir que estoy deseando volver a hacer algo "productivo". Antes solía ser bastante buena en mi trabajo, pero llevo tanto sin ejercer que tal vez ya no lo sea. Os lo iré contando.

Casi se ha pasado la mitad de Enero y todavía no he mandado las cartas para apostatar, pero es que a Harry le está costando mucho averiguar dónde le bautizaron sus padres sin contarles para qué lo necesita. Ha sido tan ambiguo que ellos han deducido que vamos a bautizar al Peque. Estaban la mar de contentos, pobres. Yo quería haber sacado el tema en la cena de Nochebuena, pero Harry no me dejó.

Había prometido dejar algunas entradas preparadas para las vacaciones, pero me atasqué con una que no sé muy bien cómo abordar. Es un tema que puede herir sensibilidades y no era la época del año adecuada para eso. Si al final la publico, espero que no me echen del pueblo.

Durante estos días no he podido escribir ni una línea, pero sí que he acumulado algunos temas que dan para un par de entradas.

Hola. He vuelto.


jueves, 24 de diciembre de 2009

Economizar

Como el muchovolumen es el vehículo destinado al transporte de infantes, los días que Harry tiene vacaciones y yo tengo que trabajar, o cuando tiene que recoger a Blancanieves, me llevo el Forfi a Coruña.

Después del shock inicial de tener que hacer un montón de cosas que el muchovolumen hace solo (encender las luces, por ejemplo) salgo del garaje (esto es más sencillo con el Forfi) y enfilo la carretera.

Cuando llevo un par de kilómetros me doy cuenta de que apenas veo por el parabrisas, está totalmente empañado. La salida del aire está cerrada, a cero.

El otro día me acordé de preguntarle.
- Oye, ¿a tí no se te empaña el cristal cuando cierras el aire?
- No, a mí no.
- Joe, mira que llevo años con este coche, y si no le pongo aire en el parabrisas, se empaña volando.
- Ya. Yo es que respiro poquito. No se puede andar consumiendo oxígeno a lo loco, hay que economizar.

Empecé a reirme pero se quedó tan serio que aún me estoy preguntando si era una broma. Que los gallegos son muy de economizar.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Feliz solsticio de invierno!

La gente se sorprende cuando recibe mis postales de "Navidad" y se encuentra con la frase de arriba. Si es que soy atea y apóstata, ¿cómo voy a andar felicitando la Navidad? Hay que ser coherentes. Como mucho, a mis abuelas les escribo "Felices Fiestas". Las pobres lo del solsticio no lo iban a pillar. También felicito el año nuevo, por cierto.

Toda la decoración de mi casa en estas fechas - tan entrañables - es pagana. No pongo angelitos, ni belén, ni estrellitas de belén (de las que tienen estela). El árbol de Navidad es realmente un símbolo pagano. Bien que lo sabe mi abuela, que siempre le pone un belén debajo para compensar. Y si no te lo crees pregúntale a Google.

Hoy todavía estoy en el curro, pero luego tendré vacaciones hasta mediados de Enero. Si alguien piensa que en estas fechas - tan entrañables - voy a tener tiempo de actualizar el blog, que sepa que posiblemente no sea así. Tengo más tiempo en el curro, porque estoy "en playa". Eso no significa que me manden a contar granos de arena en Riazor, sino que estoy "sin proyecto". Tengo que venir todos los días a la oficina y sentarme delante del ordenador lo que dura mi jornada laboral (por suerte, sólo 5 horas) sin hacer nada productivo.

Harry ya está de vacaciones. Ayer fue a recoger a Blancanieves, que estará con nosotros una semanita. Les he dejado a los tres (el otro es el Peque) en la cama, pero no por mucho tiempo, que hoy viene Eva a limpiar (falta nos hace). También les he dejado en la mesa de la cocina la lista de cosas que tienen que hacer hoy. Una de ellas es ir a comprar los regalos que aún nos faltan (todos).

Vamos a pasar la Nochebuena y el día de Navidad con mis suegros, en Orense. Seguramente esas 24 horas me proporcionen material para varios posts, pero no sé si pasarán la censura.

Luego tendremos unos días para recuperarnos (falta nos va a hacer) y para Nochevieja nos vamos a Portugalete. Nos quedaremos allí dos semanas, hacer el viaje para menos tiempo nos da muucha pereza.

Si saco algún ratillo, entraré por aquí a ver qué se cuece. Hoy voy a intentar dejar unas cuantas entradas preparadas, a ver si funciona lo de la publicación retardada. Cortitas y tontorronas. Como corresponde a estas fechas - tan entrañables - .

Pues eso, que feliz solsticio de invierno y que os traigan muchos regalos (ya sea Olentzero, Papá Noel, Santa Claus, el niño Jesús o el tronco catalán) que eso no está reñido con ser ateo y apóstata.

martes, 22 de diciembre de 2009

Otro maleducado

Algunos igual no sabéis que he estrenado un muchovolumen hace poco. Antes de eso había sido la orgullosa propietaria de dos Forfis consecutivos. Hay muchas diferencias entre conducir el Forfi y conducir el muchovolumen. La más evidente es que el muchovolumen tiene un volumen mayor, osea, que ocupa más, osea, que no cabe en los mismos sitios en los que entra perfectamente el Forfi.

Esto es especialmente importante cuando lo tienes que meter/sacar del garaje, cuando intentas aparcar en línea (en batería no tanto) y cuando intentas conducir por una calle estrecha en la que la gente acostumbra a tocar los webos de sus semejantes "porque yo lo valgo". Me refiero a los doblefilistas.

Miren atentamente esta calle, cortesía de Google Street View. Fíjense bien que las líneas que hay pintadas a la izquierda de la calzada (no vamos a llamar asfalto a eso que en Coruña utilizan para hacer las calzadas, porque no lo es) son amarillas. Apenas se ven porque hay montones de vehículos aparcados encima, de forma antireglamentaria. Ahora imaginen ustedes que a la derecha hay una doble fila de coches aparcados en línea. El día que Google pasó por allí debía ser festivo, porque lo normal es que la haya.

Ahora imaginen ustedes a esta Bruja intentando conducir un muchovolumen por esa calle. Hay una furgo aparcada en doble fila y yo pienso "por ahí no paso". De repente viene un tío a la furgo, mete la llave en la puerta y la gira. Pienso "guay, va a salir; pues me espero". Pero entonces me percato de que el sentido de giro de la llave ha sido el contrario al esperado. Osea, el tío ha ido a cerrar la furgoneta. No va a moverla. Se retira. Toco el claxon. Echo los brazos al cielo (al techo del muchovolumen) y grito como una posesa. El tío no me oye, que llevo las ventanillas subidas, pero me ve y echa a su vez los brazos al cielo y dice (no le oigo, pero le leo en los labios) "¡¡pero si cabes de sobra!!". Y se pira.

Reconozco que cabía, de hecho, cupo. Tanto como "de sobra"... yo diría que no, pero bueno. Fui a paso de tortuga pero conseguí pasar por el hueco. El muchovolumen tiene un sensor de esos para aparcar, así que iba pitando como un loco, cagadito de miedo, el pobre. A mí me temblaban las piernas como en el examen del carnet de conducir (en los cuatro exámenes de coche y en los dos de moto). Pero en todo el tiempo que duró la maniobra no dejé de cagarme en sus muertos, deseando que detrás mío viniese un camión y se le llevase el retrovisor, el tirador de la puerta y los dos guardabarros (o defensas, que dicen por aquí).

Capullo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Felicidades

¿Qué es un niño?
Es lo que hace que
el hogar sea más feliz,
el amor sea más fuerte,
la paciencia sea mayor,
las manos estén más ocupadas,
las noches sean más cortas,
los días sean más largos
y el futuro sea más luminoso.

Was ist ein Kind?
Das,
was das Haus glücklicher,
die Liebe stärker,
die Geduld größer,
die Hände geschäftiger,
die Nächte kürzer,
die Tage länger
und die Zukunft heller macht
Sonja Luther


Felicidades, mi querida Duende Verde.
Y también al padre. Va a tener razón Harry.



Malos humos

Empecé a fumar a los 15 ó 16 años, cuando iba al instituto. Eran otros tiempos, el tabaco no estaba tan mal visto, no había avisos en las cajetillas para que supieses que fumar provoca el 90% de los males de la humanidad. En los intercambios de clase, salíamos al pasillo y allí fumaba to'kiski. Yo quería ser guay, pero sacaba muy buenas notas, así que tenía que esforzarme para ser muy bestia y no parecer una empollona. Fumar era una forma de reivindicar mi derecho a ser tan "normal" como los que suspendían.

Al principio solo fumaba algunos cigarrillos al día. Ni siquiera compraba cajetillas completas, los compraba "sueltos". Pero con el tiempo el tabaco se convirtió en un agujero negro que se tragaba mi paga semanal.

Seguí fumando en la universidad, aunque allí me di cuenta de que había que gente que no fumaba. Vale que casi todos eran empollones, pero algunos incluso eran guays sin fumar. No muchos, tampoco nos engañemos.

Cuando entró en vigor la ley antitabaco, en el 2006, llevaba casi 20 años fumando, fumaba más de 20 cigarrillos al día y era de las que decían que vaya mierda de ley, que a quién se le ocurre, que ya verás como no se pone en práctica, qué van a hacer en las bodas, tendrán que poner sala de fumadores en las oficinas, vaya mierda de ley (eso lo repetía mucho).

Unos meses después empecé a ser consciente de hasta qué punto yo era adicta a la nicotina. En el trabajo salía a la calle, aunque lloviese, para echar un cigarrillo. Si una reunión duraba más de una hora, el único pensamiento que ocupaba mi mente era cuánto más iba a durar para poder salir a fumar. Si quedaba para comer con una amiga y no permitían fumar en el restaurante, no disfrutaba ni de la comida ni de la conversación.

Hacía ya tiempo que tenía la costumbre de despertarme en mitad de la noche y fumar. Al principio me despertaba el insomnio, y para coger el sueño leía un poco mientras me fumaba un cigarrillo. En pocas semanas, pasé de "despertarme y fumar" a "despertarme a fumar".

Decidí que quería dejar de ser adicta. No es que quisiese "dejar de fumar". Fumar no me parecía tan malo (también los no-fumadores mueren de cáncer, me decía) pero ser tan dependiente me parecía asqueroso.

Me iba de vacaciones a Egipto, con mi hermana. Dije a todo el mundo que iba a dejar de fumar a la vuelta. Todos se reían. Había una porra sobre cuántos días iba a tardar en recaer y no era muy halagüeña. Pocos apostaban a que durase más de una semana.

Como yo tengo una fé inmensa en los libros, y también porque pensé que ninguna ayuda estaría de más, le pedí a mi hermano el libro que le había regalado el año anterior, y que a él no le había servido de mucho: Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo.

Lo empecé a leer en la cubierta de la barcaza que nos transportaba por el Nilo y lo terminé en un par de días. Entonces le pasé a mi hermana el tabaco que llevaba (para el viaje a Egipto llevábamos bastantes existencias, no fuera que se acabase) y le dije que ya había dejado de fumar. Me dijo que me lo guardaba, que sospechaba que se lo iba a pedir antes de volver.

Al día siguiente teníamos que hacer un largo viaje en autobús y en avión. No se podía fumar. Mi hermana buscaba sitios donde echar un cigarrillo. Yo pensaba "soy libre, es genial no tener que preocuparse nunca más por los cigarrillos". Tardé pocas horas en sentirme no-fumadora.

Unos par de meses después, en profundo estado de embriaguez y de depresión por una ruptura, me fumé un cigarrillo. Sabía asqueroso. Al día siguiente sentí el mono de nuevo. Y digo "el mono" porque no me apetecía un cigarrillo, pero sentía el cuerpo muy muy chungo. También podría ser por la resaca, claro.

No he vuelto a fumar. El olor del tabaco me da asco. Estoy deseando que salga la nueva-verdadera-y-remasterizada-ley-anti-tabaco. Cuando fumaba odiaba a los ex-fumadores como yo.

Bien, ahora viene lo que realmente quería contar.

El sábado nos fuimos Harry, Blancanieves, el Peque y yo a hacer comprillas a Coruña. El Peque tenía que tomar un bibe (ni pensar en darle papilla en público, necesitaríamos impermeabilizar el local) y nos fuimos a la única cafetería de la zona que sabíamos que era "sin humos", aunque el café más barato que tiene anda por los 2,50€. Cuando nos dijeron que no tenían microondas decidimos que era la última vez que íbamos, pero eso es otro tema.

El caso es que en una mesa cercana un pimpollo va y se enciende un cigarrillo. Llevaba rato haciendo el bobo con el cigarrillo y el mechero, y al final lo encendió. Harry se le acercó y consiguió que lo apagase, pero el tío se medio sonreía mirándome. Incluso dijo "no me mires con esa cara".

Voy a pagar el café a ese precio y encima aguantar tus humos. No te jode...

Capullo.