jueves, 12 de mayo de 2011

Personalidad múltiple y confusa

Hola, me llamo Bruja y tengo un problema de personalidad. Tengo dos cuentas en Google: una con mi nombre real y otra con mi nick.
En gTalk uso mi nombre real. Lo utilizo mucho en el trabajo.
En Picassa uso mi nombre real. Cuelgo las fotos del Peque para que las vea la familia.
En Twitter uso mi nick. Leo más que escribo.
En el Blog uso también una cuenta de google. La cuenta equivocada. La del nombre real. Es la que uso para el Reader, para comentar en otros blogs, para el Analytics...

Hace tiempo que quería cambiar la cuenta en el blog y usar la del nick, pero sabía que no iba a conseguir arreglarlo todo. Así que no lo hice. Pero cuando hoy he visto que el autor de mi última entrada no era Bruja Naranja, sino mi nombre real, he decidido que no podía esperar más.

No quiero ver mi nombre en el blog. Tampoco es que sea un blog ultra secreto.
Harry lo conoce pero no lo lee, dice que se sentiría como si leyese mi diario.
Mi familia lo lee, a veces incluso comentan.
Mi familia política creo que no sabe nada del blog. Eso espero, al menos.
Algunos compañeros de trabajo lo conocen, pero son más amigos que compañeros. Pero como escribo desde la oficina, cualquiera que pase por detrás mío y quiera fijarse lo ve y puede encontrarlo.
En mi blog cuento de dónde soy y dónde vivo, y no creo que con esos dos datos haya mucho donde equivocarse.

Pero no me gusta ver mi nombre (real) en Internet.

Disculpen las molestias si alguna cosa no funciona como debería.

Post-Post: resulta que había un error en Blogger y por eso salía mi nombre real.
Resulta que Blogger estuvo caído durante muchas horas y cuando volvió, esta entrada se había borrado.
Resulta que todos los cambios de usuario que hice se perdieron.
Resulta que he tenido que volver a hacerlos.
Resulta que Blogger todavía no está 100% arreglado y puede que vuelva a perderse la entrada y los cambios.

Pero es gratis, no podemos quejarnos.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Una de bancos

No sabía cual iba ser el tema del post de hoy. Ni siquiera sabía si habría un post. Pero ha habido suerte, porque he tenido que ir a cobrar el cheque de Harry.

A Harry le pagan por transferencia bancaria lo que su empresa declara en su nómina. Y luego, mensualmente, le dan un cheque para cubrir ciertos conceptos del mes anterior. No recuerdo bien si se corresponde con las dietas, con los kilómetros, con las horas extra o con el plus de peligrosidad. Ah, no, que en las empresas de voladuras eso no se cobra.

El caso es que le dan un cheque al portador. Harry siempre tiene mil excusas para no cobrarlo por sí mismo. Bueno, mil no, siempre usa la misma: no puedo salir del trabajo para ir a cobrarlo. De vez en cuando se le escapa, al contarme alguna anécdota, que ese día se han ido antes a comer para que un compañero pudiese ir al banco a cobrar el cheque. Yo, que soy una mujer que no pierde palabra cuando su marido habla, cojo la ocasión al vuelo y le sugiero que él también podría hacerlo. Harry se da cuenta de su desliz y en vez de agradecerme la atención que le presto, pone mala cara y dice que al mes siguiente se ocupará él de cobrar el cheque. Pero cuando llega el momento volvemos al punto de partida, porque en ese tiempo las circustancias laborales de Harry han hecho imposible eso de salir antes a comer. Misterios que solo Harry entiende y que nunca consigue explicarme de manera convincente.

El cheque es de un banco... llamémosle Banco del Populacho. Y está emitido por una sucursal que está cerca de su empresa. Hubo una temporada en que yo curraba muy cerca de allí, de hecho, más cerca que él, que anda siempre por ahí en Obras Recónditas. Así que a la hora de la comida me acercaba caminando a la sucursal y cobraba el cheque sin problemas.
- Hola, vengo a cobrar este cheque.
- Aquí tienes la pasta.
- Gracias y adiós.

Luego dejé de trabajar porque estaba de baja. Como tenía mucho tiempo libre, seguía encargándome de cobrar los cheques de Harry. Me acercaba a la sucursal del Banco del Populacho en un pueblo cercano (en mi pueblo no hay) y cobraba el cheque sin apenas problemas:
- Hola, vengo a cobrar este cheque.
- Necesito tu DNI.
- ¿Mi DNI? Es un cheque al portador.
- Sí, pero de otra sucursal. Necesito tu DNI.
- Vale, toma mi DNI.
- Anoto tu nombre y tu número de DNI y te lo devuelvo. Y aquí tienes la pasta.
- Gracias y adiós.

Cuando volví a incorporarme a mi trabajo meses después, mi puesto de trabajo estaba en la oficina super céntrica que mi empresa tiene en Coruña. Harry buscó el Banco del Populacho en google maps y dijo lleno de gozo:
- ¡Qué bien, hay un montón de sucursales del Banco del Populacho cerca de tu oficina! Puedes cobrar mis cheques.

Elegí una y fui a cobrar el cheque:
- Hola, vengo a cobrar este cheque. Aquí tienes también mi DNI.
- Te voy a cobrar 1,50€ porque no es de esta sucursal.
- No puede ser, nunca me habéis cobrado.
- Pues ya ves.
- Espera que lo consulto.

Vamos a ver: normalmente no consulto a mi marido antes de gastarme 1,50€ pero Harry ODIA las comisiones y los gastos de envío. Ya, ya, todos los odiamos. En minúsculas. Harry los ODIA. Si se entera de que he pagado 1,50€ por no cobrar el cheque en la sucursal adecuada, de repente resultará que si que puede salir del trabajo en Obra Recóndita y acercarse a la sucursal adecuada. Me dije que era mi oportunidad y le llamé:
- Harry, que mira, que me cobran 1,50€ de comisión por lo del cheque y he pens....
- ¿Comisión? ¿Has dicho comisión? Ni hablar, no pagues, que les den, ya me acercaré yo a la sucursal emisora. Sinvergüenzas, ladrones, hijosde....
¡Bien!

Al día siguiente:
- Mi querida y naranja Brujita, que he llamado a mi empresa y me han dicho que no me preocupe, que ellos emiten unos cheques especiales que se pueden cobrar en cualquier sucursal sin pagar comisión. Que no hagas caso y lo cobres, verás como no nos quitan los 1,50€.
Qué bien, oye...

De vuelta a la sucursal:
- Hola, vengo a cobrar este cheque. Aquí tienes también mi DNI.
- Te voy a cobrar 1,50€ porque no es de esta sucursal.
- Nononononono. Que me han dicho que es un cheque especial y...
- Ah, vale, puede ser. Eso me lo dirá el ordenador cuando meta todos los datos. A ver, meto tu nombre, DNI, los datos del cheque... ¡Anda, pues es verdad! No te cobro comisión. Aquí tienes la pasta.
- Gracias y adiós.
Vamos, que ya lo tenía dominado.

Hoy me he sentido aventurera e innovadora y me he ido a otra sucursal que me parecía a mí que me pillaba como mejor.
- Hola, vengo a cobrar este cheque. Aquí tienes también mi DNI.
- Te voy a cobrar 1,50€ porque no es de esta sucursal.
- Nononononono. Que siempre me decís lo mismo, pero es un cheque especial y...
- Ah, vale, puede ser. Eso me lo dirá el ordenador cuando meta todos los datos. Espera que hago una fotocopia de tu DNI y ahora vuelvo.... A ver, meto tu nombre, DNI, los datos del cheque... ¡Anda, pues es verdad! No te cobro comisión. Aquí tienes la pasta.
- Adiós. No te doy las gracias.

Esto... ¿han fotocopiado mi DNI para cobrar un cheque al portador? ¿Por qué? Le he preguntado a Google y estoy investigándolo aún. Ya os contaré si la próxima vez la conversación no acaba bien.

martes, 10 de mayo de 2011

No parece tan difícil

Ya he hablado de ascensores en otra ocasión. Muy a mi pesar, tengo que recuperar el tema. ¿Escribir sobre ascensores es tan cutre como las conversaciones de ascensor? Posiblemente. Por eso he dicho "muy a mi pesar".

El primer ascensor para humanos se instaló, según la wikipedia, en 1857. Pues bien, después de 154 años, todavía hay gente que no sabe usarlos. Hay incluso un grupo en Facebook al respecto. Puede que haya más de uno, tampoco he buscado de forma exhaustiva, la verdad. Mi queja, como en Facebook, se refiere a los botones de subir y bajar que hay FUERA de los ascensores. Más concretamente, se refiere al uso que los humanos hacen de dichos botones.



En el edificio donde yo trabajo, no hay carteles aclaratorios verdes. Y pasa a menudo que cuando el ascensor llega a la séptima planta, donde está mi oficina, llega lleno de gente que quería ir a la planta baja. Gente que estaba en el tercer piso y en vez de pulsar el botón de bajar, pulsó el de subir, o aún mejor, pulsó los dos.

Yo pensaba que la gente hacía eso pensando, de forma muy poco solidaria, que "así va más rápido". Pero luego me di cuenta de que había otra explicación más sencilla: no saben usarlo. Al menos es así en los dos casos en los que me he documentado: mi padre y Harry. Ellos no lo hacen por ir más rápido, sino por puro y simple desconocimiento. También influye que no me hayan escuchado las tropecientas veces que se lo he explicado. O puede que me escuchasen, pero no me creyesen. Su versión funciona más o menos así:
  • Si están en la planta baja, le dan al botón de abajo porque "quieren que el ascensor baje hasta la planta baja para poder cogerlo".
  • Si están en el piso superior, le dan al botón de arriba porque "quieren que el ascensor suba hasta arriba para poder cogerlo".
  • Y si están en cualquier piso intermedio, le dan a los dos porque "vete tú a saber dónde está el ascensor, a mí me da lo mismo, lo que quiero es que venga".
Vale, no sabes usar un ascensor, tampoco es para lapidarte. Al menos no siempre. Pero si encima de no saber usarlo, acusas al resto del mundo de acaparar el ascensor y no dejar que lo uses tan mal como quieres, entonces se me hincha la vena y quiero lapidarte. Sin piedad.

La semana pasada estábamos 3 personas esperando en la séptima planta. Llegó el acensor, se abrieron las puertas y había 2 tías que pusieron cara de susto y dijeron:
- Uy, esto no es la planta baja.
- No, tía, es la séptima. Hemos subido.
- Pero le hemos dado al cero.
- Sí, le hemos dado, pero si le llaman, pues es lo que pasa, que nos hacen subir a lo tonto.

Es cierto, has subido "a lo tonto". No sabes cuánto.

viernes, 6 de mayo de 2011

Libros

En muchos blogs los autores cuentan qué libros han leído y su opinión al respecto. Yo solo he hablado alguna vez de lo que estoy leyendo para decir alguna tontería que me parecía que venía al caso. Que seguro que no, pero bueno.

Como me he propuesto actualizar el blog todo lo que pueda mientras dure esta racha de poco trabajo, y el resto de temas que he pensado no me apetecen, os voy a escribir una entrada sobre libros. No va a ser una entrada gafapasta porque yo no leo libros de gafapasta. Suelo leer en la cama antes de caer rendida. Y solo porque tengo la mala costumbre de pasar por el baño antes de acostarme y lavarme la cara con agua y jabón. Si no lo hiciese, pasaría del sofá a la cama sin salir del sueño profundo y no leería.

Voy a echar mano de google para encontrar lo que he leído últimamente, porque tengo una memoria atroz para los títulos y los autores, si no me suenan mucho-mucho-muchísimo, mi cerebro ni los procesa.

Y otra cosa antes de entrar en materia (al final me quedará un post solo con la introducción): la lista es de lo que he leído desde Navidad. Pero es que estuve casi dos meses de baja, no esperéis otra lista así de larga próximamente.

En fin, que me liais... Venga.


Música de playa, de Pat Conroy
Es el autor de "El Príncipe de las Mareas". El libro es muy parecido. Gente del sur, con sus rarezas, sus familias mal avenidas, y sus historias inconfesables. A mí me encantó, pero también me había gustado el Príncipe. ¡Me gustó hasta la peli!

Mi vida con el hijo de Linda, de Jane Green
Es de esos que llaman chick lit. Se deja leer. En mi caso, me sentí muy identificada con la prota cuando después de nacer su hijo se da cuenta de que el marido no le aporta el 50% que ella esperaba. Por lo visto nos pasa a muchas...

Nana, de Chuck Palahniuk
El autor del Club de la Lucha. Este libro me gustó a pesar de que tocaba (mucho) ese tema que tan poco me gusta. Pues aún así.

Maldito karma, de David Safie
Me ha gustado. Me lo pasaron unos compis que tienen un club de lectura y la opinión generalizada es que el principio era cojonudo, pero luego flojeaba mucho. Y sí, vale, flojeaba, pero es que empezaba tan bien que era difícil mantener el nivel.

El sari rojo, de Javier Moro
Habla de Sonia Ghandi desde que conoce a su marido indio hasta la actualidad (bueno, hasta que Javier Moro lo escribió). El tema es muy interesente, sobre todo si no tienes ni idea de que Indira Ghandi no es hija de Ghandi. Era mi caso, me da hasta vergüenza. Pero... uf... le sobran la mitad de las páginas, se repite mucho cuando habla de lo que sienten los protagonistas, cada 10 páginas (más o menos) suelta el mismo discursito sobre los sacrificada que es la familia. Se pasa un montón con eso, solo le falta pedir la canonización de Indira a pesar de ser hindú... A punto estuve de no acabarlo. Hice una pausa de varias semanas y volví a cogerlo. Lo acabé por documentarme, por si algún día me sirve para parecer un poco menos lers en una conversación de café.

La tía Mame, de Patrick Dennis
Este libro lo tenía en la lista de libros para comprar, pero mi tía soltera se lo regaló a mi hermana (otra tía soltera) y me lo dejó. Es un encanto de libro, los personajes se hacen querer a pesar de sus defectos, las historias son entretenidas... Recomendable.

La chica Einstein, de Philip Sington
Me costó muchísimo cogerle el ritmo. Tanto, que casi estaba acabando cuando empecé a leerlo con gusto. Y el final deja mucho que desear. Así que quedan unas 20 páginas que salvaría. No digo más.

La brújula de Noé, de Anne Tyler
Pues después de ver que era la autora del Turista Accidental, estuve a punto de no leerlo porque esa peli me pareció un bodrio. Por suerte, lo leí. Me gustó muchísimo, me lo ventilé en el hospital en menos de dos días y me dio mucha pena que se acabase.

Aurora Boreal, de Asa Larsson
No sé si solo me pasa a mí, pero yo no consigo que los autores "nórdicos" me toquen la fibra sensible. Me enganchan, me gustan, me entretienen, me intrigan... pero no me dejan sensaciones una vez que acabo el libro. Solo ha habido una excepción: la primera parte de Millenium (solo la primera). Este libro es una buena muestra: me enganchó bastante, tenía mucha curiosidad por ver quién era el asesino y porqué, pero el único personaje con el que me tomaría un café es la poli embarazada, que yo visualizo con la misma pinta que Frances McDormand en Fargo. Y la autora también, me parece. ¡Es que hasta las viste igual!

La caja negra, de Amos Oz
Lo recomendó tanto Molinos en su blog, que lo compré. Esto lo digo con mucho miedo pero... no me gustó nada. Los protagonistas me cayeron como el culo. Todos. Bueno, es que apenas hay 5 humanos en el libro. Pues todos son unos malos bichos, por diversos motivos. Pero no me hagáis caso a mí, ella es mucho más gafapasta y lee mucho más que yo.

¡No puede ser! Moli actualiza hoy con el post mensual de lecturas. Ay! Pues lo voy a subir... a ver si no lo ve...

jueves, 5 de mayo de 2011

Desconectada

Ha habido un parón de casi 9 meses y medio en el blog. Dejé una última entrada y desaparecí sin despedirme. En ese intervalo no he abierto ni el email. Apenas he leído otros blogs, tampoco. No he tenido mucho tiempo. Y cuando lo he tenido, no he tenido ganas. Voy a resumir aquí los acontecimientos acaecidos en estos meses:
  • Harry volvió a quedarse en el paro. El curro nuevo era lo que parecía: una mierda. Pero encima no duró.
  • Me metieron en un proyecto que consistía en averiguar todas las provincias de todos los países en los que nuestro cliente tiene tiendas. Es un cliente muy gordo, tiene tiendas en muchos países. No puedo decir más porque tendría que autodestruirme.
  • LPC (la puta casa) tenía que estar acabada el 27 de agosto, porque Hacienda solo te da dos años para reinvertir. Cachondos ellos. Estaba "casi" acabada, pero es que de todas formas en agosto no te visan ningún papel. Esperemos que me revisen la declaración un viernes a última hora...
  • Por "suerte" Harry estaba en el paro. Porque se pasó muchas mañanas en el ayuntamiento, en el registro, en el notario, en la compañía suministradora de electricidad, en la del agua...
  • Prescindimos de la asistenta. Porque Harry tenía mucho tiempo y lo iba a hacer él todo.
  • Ikea no nos ha declarado clientes preferentes, a pesar de que les dediqué una entrada durante meses y de que me dejé no-os-voy-a-contar-cuántos-euros-que-me-da-vergüenza en su tienda.
  • La piscina del pueblo se quemó. En serio. Los sábados por la mañana ya no teníamos cursillo con el Peque. Era genial, porque así podía ayudar a Harry a limpiar. Mi actividad favorita para el fin de semana.
  • Nos mudamos a LPC a finales de septiembre. Tuvimos que desalojar a un par de cientos de moscas que había de okupas y que habían dejado las paredes recién pintadas (de amarillo) llenas de manchitas (de color amarillo más oscuro, tirando a marrón, lo que viene siendo el color mierda, vamos).
  • LPC es 4 veces más grande que el piso. Harry tenía 4 veces más superficie que limpiar. Además estaba el tema de las moscas que he mencionado. Pero como yo tenía los fines de semana libres, podía ayudarle.
  • Harry se apuntó a una academia porque se aburría.
  • Puesto que teníamos pocos motivos de discusión, decidimos adoptar un perro. Nos pusieron tantas pegas que al final compramos uno. Sorprendentemente, era más barato, más fácil y más rápido.
  • Me metieron en un proyecto en el que mi responsabilidad era preparar y comprobar (analizar y testear) el trabajo de dos humanos cuyo puesto de trabajo está en otra provincia. Que dices: bueno, con las nuevas tecnologías ¿qué más da? Claro. Pero si deciden no coger el teléfono, no leer ni contestar a los mails, ponerse como "ausentes" en los chats... He dicho que eran dos humanos, pero uno de ellos me inspira otros sustantivos.
  • Mi amiga del curro volvió después de su baja por maternidad. Una madre con menos experiencia que yo. Eso levanta mucho la moral. Y la echaba de menos.
  • Después de retrasarlo todo lo que pude, tuve que operarme de nuevo. Estuve unos días ingresada y casi 2 meses de baja.
  • A Harry le volvieron a llamar de su antiguo curro. El mierdoso no, el otro.
  • Tuvimos que buscar una asistenta+canguro a la carrera. La encontramos. Es perfecta.
  • El proyecto se acabó y me quedé sin nada que hacer en la oficina.
  • Volví a tener tiempo para leer blogs.
No sé cuánto va a durar la nueva situación. En esta empresa, o no tienes proyecto, o no tienes un momento libre. Al menos ese ha sido mi caso hasta ahora. Si puedo, intentaré seguir leyendo y escribiendo. A veces las entradas serán más alegres, a veces más tristes. Intentaré no caer en el patetismo pero no prometo nada.

martes, 3 de mayo de 2011

¡Ya eres mía!

Hoy venía a trabajar, con los auriculares del iPod metidos en las orejas, y he oído prom-prom-prom. Sonido Ducati. Espero a que pase mi posición y entonces miro. Una Monster roja.

¿Os suena? Ya lo conté aquí
. Pero hoy... he sonreído contenta. Porque dentro de unos días, habrá una Monster roja en mi garaje.

Aviso: este post va de motos. Si no te gustan las motos te va a parecer un ladrillo. Lo siento pero, como dicen por ahí, el blog es mío y me lo f*ll* cuando quiero. De hecho, es increíble que apenas haya hablado de motos hasta ahora.

Harry y yo nos conocimos gracias a las motos. Concretamente, gracias al canal de motos del IRC.

Yo estaba planteándome comprarme una moto. Mis ex eran moteros, pero yo siempre había ido de paquete. Quería conducir. Tal vez era que quería tomar el control de mi vida. Tal vez era que tenía un casco y una chaqueta y unos guantes... y me daba pena no darles uso.

Harry tenía una GS500 más vieja que el catarro, con un escape de esos que hacen mucho ruido. Todavía hoy, cuando oigo el sonido de una bicilíndrica con un escape IXIL... Cada uno tiene sus fetiches. El mío es muy friki, pero es el mío.

Él me animó a sacarme el carnet de moto, a pesar de que cualquier humano con carnet de coche puede conducir una moto pequeña. Como acababan de despedirme por primera vez en mi vida, tenía algo de pasta y mucho tiempo libre. Otros montan su propia empresa. Yo me saqué el carnet y me compré una CBF de 250cc que me cogió ojeriza desde que me vio en el concesionario. No hay otra explicación posible. Se me cayó al suelo tantas veces que era verla y darme aprensión. Me costó una barbaridad hacerme con ella.

Mientras tanto, Harry decidió cambiar su vieja GS por una moto nueva. Fue la primera vez en nuestra relación que tuve ganas de matarle. Porque la GS me hubiese venido de perlas, pero no se le ocurrió venderla hasta que yo ya había comprado una. Han pasado 4 años y sigo echándoselo en cara a veces. Soy un mal bicho.

El caso es que Harry quería una Kawasaki Z750S. Era un modelo que ya no se fabricaba, quedaban algunos ejemplares nuevos por ahí repartidos, pero no era un modelo fácil de conseguir. Al final, la trajo de algún sitio remoto y exótico (Castellón, creo). Fue todo un problema logístico.

Cuando me vine a vivir a Galicia, mi CBF se vino conmigo. De hecho, me mudé en moto. Luego volví a Portu en tren y recogí el coche, algún mueble y montones de cosas más. Para entonces, la CBF ya no se tiraba al suelo al verme. Me había costado pero la tenía domada. Era una gozada, consumía poquísimo, casi me hice el viaje sin repostar. Me encantaba mi moto, me encantaba conducir, me encantaba ser motera, me encantaba chatear con otros moteros, me encantaban las concentraciones. Tenía un hobby. Molaba mil.

Poco después nos mudamos los dos a Coruña. Yo iba a diario al trabajo en moto. Y salíamos con las motos los fines de semana que no teníamos a Blancanieves, a no ser que hiciese un tiempo de perros. Íbamos a todas las manifestaciones anti-guardarraíles que hacían por Coruña. Nos hacíamos rutillas hasta Finisterre, o por la costa de Lugo (imprescindible). Nos fuimos a la famosa concentración de Sanabria (creo que no he pasado tanto frío en toda mi vida).

Teníamos, tengo que decirlo, algún problema para coordinar nuestras velocidades. A pesar de lo pudiera parecer, teniendo una moto con el triple de cilindrada que la mía... Harry conduce un poco lento para mi gusto. Él dice que yo soy una kamikaze. De hecho, lo dijo delante de mis padres una vez, y desde entonces mi madre tiembla visiblemente cuando me oye hablar de motos.

Y entonces me quedé embarazada. Tuve un primer trimestre complicado, y me prohibieron montar en moto. Como ya tenía 2 años de carnet y podía llevar motos de más cilindrada, pusimos mi pequeña CBF en venta. La idea era comprarme una Monster cuando pudiese volver a montar. Por desgracia, para entonces LPC (la puta casa) ya nos estaba ahogando y no me la compré. Tampoco podía usar la de Harry, tenía que "despatarrarme" tanto para sentarme encima que no llegaba al suelo ni con la puntita de un pie.

Harry tenía la moto muerta de risa, no la usaba. Y yo que "necesitaba" una moto no tenía ninguna. Decidimos hacer un cambio, algo muy habitual en este mundillo: se cambia Z750S por Monster. El sábado vino un tío a casa con su Monster, para ver la moto de Harry. Y se enamoró de ella. Así que dentro de unos días habrá una Monster roja en mi garaje.

Harry no está muy feliz con este asunto. Pero yo estoy taaaaan contenta. Mola mil ser motera de nuevo.


Este entrada tan happy es para Bereni. De todo se sale.


lunes, 2 de mayo de 2011

Negro sobre blanco

Te levantas un sábado y empiezas a discutir...

Porque tienes un catarro de mierda que no se te quita, y te duele la cabeza, y has dormido demasiado y ahora vas a andar de culo para llegar al cursillo del Peque en la piscina del pueblo, y ayer no recogiste la cocina antes de acostarte y ahora huele a patatas fritas, y el perro se ha cagado en la entrada y el resto de la casa huele a mierda, y no hay café hecho, y no queda leche en la nevera y tienes que ir a buscarla a la despensa...

Y encima viene y te pregunta no sé qué tontería, no me toques las narices que aún no he tomado cafeína, y mira a ver lo que quiere tu hijo que no deja de gritar, que me está poniendo de los nervios...

Y piensas que ya no aguantas más, que esto es una mierda, que el curro es una tortura de lunes a viernes, que los gastos de "la puta casa" (en adelante, LPC), el doble de grande de lo necesario, te están ahogando, que tienes miedo de abrir el buzón y encontrar una demanda del constructor por la pasta que dice que aún le debes, y el ayuntamiento no te ha dicho aún nada de la licencia para hacer el cierre, y el perro se te escapa y se come las gallinas de los vecinos, y al final nos va a meter en un lío horrible, y a la moto le toca pasar la ITV, pero como no tiene seguro, no puedes llevarla, y el piso de soltero de Harry no se vende, y mira que hemos bajado el precio...

Y cuando por fin te metes en el coche con el Peque, justo a tiempo de llegar a la piscina, pones la radio, porque no sabes donde coño está el iPod, y suena esto:



Pues eso.